Corazón y piel. El eje cardio-cutáneo para la prevención cardiovascular.
Actualizado: hace 18 horas
La sesión nos recuerda algo que los cardiólogos olvidamos con facilidad: la piel es una ventana al riesgo cardiovascular. El xantoma delata una dislipidemia aterogénica. La psoriasis grave, por su parte, refleja una inflamación sistémica que comparte vías con la aterosclerosis, como el TNF-α, la IL-17 y la IL-6, y se asocia con un riesgo de eventos cardiovasculares mayores aproximadamente 50 % más alto. La pregunta lógica, y por eso el tema es relevante, es si al controlar esa inflamación cutánea también reducimos el riesgo cardiovascular.
El estudio de Lin y colaboradores, publicado en PLoS Medicine en 2025, intentó responderla. Es una cohorte retrospectiva de la red TriNetX que comparó adultos con psoriasis tratados con biológicos frente a tratamiento sistémico oral convencional. Se excluyeron pacientes con enfermedad cardiovascular previa y con otras enfermedades inflamatorias. Tras un emparejamiento por puntaje de propensión, quedaron 12,732 pacientes por grupo, seguidos durante cinco años.
Los resultados son llamativos. La incidencia acumulada de cualquier enfermedad cardiovascular fue de 10.7 % con biológicos frente a 16.2 % con tratamiento convencional, con un HR de 0.62. Los eventos cardiovasculares mayores se redujeron alrededor de 30 %, con un HR de 0.70. Sin embargo, en términos absolutos, eso equivale a 429 frente a 525 eventos, una diferencia cercana a 0.75 puntos porcentuales. Es decir, habría que tratar a unos 130 pacientes durante cinco años para evitar un evento mayor.
Aquí la lectura estadística es clave. El emparejamiento solo equilibra lo que se mide, y una base de expedientes electrónicos no captura la gravedad de la psoriasis, el nivel socioeconómico ni el acceso a la atención. El paciente que recibe un biológico suele ser distinto del que recibe metotrexato o ciclosporina. Además, el comparador no es neutro: la ciclosporina eleva la presión y los lípidos, y la acitretina eleva los triglicéridos.
Hay otro dato revelador. El efecto fue casi idéntico, entre 35 y 45 % de reducción, en desenlaces biológicamente muy distintos: arritmias, enfermedad arterial periférica, miocardiopatía no isquémica y trombosis. Cuando un efecto es tan uniforme en enfermedades tan diferentes, debemos sospechar confusión residual o un sesgo del «usuario sano» más que un efecto farmacológico específico. Como referencia, bastaría un confusor no medido asociado al tratamiento y al desenlace con un riesgo relativo de alrededor de 2.6 para explicar por completo el HR de 0.62. Lo correcto es lo que los propios autores reconocen: asociación, no causalidad. De hecho, los ensayos aleatorizados que evaluaron biológicos sobre la inflamación vascular medida por PET han sido mayoritariamente neutros.
¿Qué utilidad tiene en la práctica? No justifica indicar un biológico para prevenir eventos cardiovasculares; esa decisión sigue siendo dermatológica. Pero el mensaje práctico es otro y es contundente. La psoriasis moderada a grave debe tratarse como un potenciador del riesgo cardiovascular. Debemos buscar activamente la hipertensión, la dislipidemia, la diabetes y el tabaquismo, que en estos pacientes suelen estar infradiagnosticados, y con un riesgo limítrofe, inclinarnos por una prevención más intensiva. Si el paciente requiere un biológico por su piel, el posible beneficio cardiovascular es un argumento adicional, no la indicación.




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